martes, 26 de agosto de 2014

Introducción a la Ciudad de Pan.





Feroz el cielo
se precipitó. 
Se precipitó
una vez
 y otra
cayó
 y cayó 
hacia atrás hacia adelante, negando el espacio desde su suprema majestad y amenazando con estallar el tiempo.
Sólo quedó
la casa de pan.
Torre de masa blanda
y  cimientos de corteza
Sólo quedó
la casa de pan
Luces que la visitan por la noche luego que la furia del cielo se amaina entre largos bufidos y suspiros lentos, negros que caen
que caen
 en forma de oscuros copos
La casa de pan.
 La ciudad de masa madre
más allá
de los árboles oscuros.
La casa de pan
La ciudad de masa madre
No hay mucho que hablar de sus paredes elásticas que alimentan los niños y crecen y crecen cuando son devoradas. Muros recogiendo las huellas de las manos, las voces antiguas de los muertos que se filtran en las grietas de las masas y que alimentan la blanda argamasa junto a  voces y miradas de los vivos.
Un niño corrió
en la madrugada
anunciando
que la ciudad está viva
Siguieron durmiendo
sus habitantes.
Eso es muy obvio, dijo alguien. La ciudad vive desde siempre, el pan emite manos y miradas, carne y huesos.
Cuando el crepúsculo arroja pájaros y plateados insectos, la casa devuelve lluvia de migas y de gritos que caen
 que caen
que no dejan de caer
mientras los árboles se agitan
y la luna en el lago
rie y maldice como un carbonero.

La ciudad de pan
camina su historia en las estrellas.

GOCHO VERSOLARI

Ilustración: André Martins de Barrios

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